Tomado de Boletines Privados de Thomás Printz vol. 3
El Amor no es emocional. No tiene en sí nada de egoísmo. No pide nada a cambio por su vertida, porque ningún ser humano puede generar Amor. El Amor es dado de Dios por Dios a través del hombre. No puede ser comprado ni vendido ni intercambiado. Todo aquel que pretenda ser un embudo para el Amor, tiene que pedirle al Dios del Universo que le permita unirse con la infinita y disolvedora conciencia del Uno dentro de la nada. Tal individuo se convierte en un Señor de Amor.
Solamente el Amor constituye la razón de ser del hombre. Dios se auto-individualizó para que hubiera más focos a través de los cuales el principio del Amor pudiera fluir; y hasta que cada Centro Divino se convierta en la plenitud del Amor, no habrá paz, no habrá seguridad ni contentamiento permanente alguno. Dios —el AMOR— contiene dentro de Sí a cada ser, a cada estrella, cada planeta, cada alma, y a la totalidad de la Naturaleza en el alcance de Su Reino. El Amor está plenamente familiarizado (y es uno) con cada parte de la vida y de la inteligencia en este universo, y nadie queda por fuera de esta Conciencia omniabarcante.
