Tomado de Luz desde Luxor.
A través de siglos de visión descendiente, en el hombre corriente sólo hay el sentido humano de la conciencia en la cual él habita, tal como la puede tener un prisionero detrás de barrotes cerrados. Una vez que el Fuego Espiritual empieza a despertar a la Divina Presencia, y una vez que el Ser Crístico empieza a reclamar su morada (v.g. el cuerpo inferior de la corriente de vida que evoluciona), sobreviene un período en el que el individuo encuentra que ya no es solamente una criatura de los sentidos y que hay algo más grande y más alto que la prisión humana, en la cual había morado alegremente… ¡por tanto tiempo! Después, se da lugar a un periodo de confusión e infelicidad, donde las dos conciencias distintas ganan la atención y la lealtad de la corriente de vida en momentos alternos. Este es un periodo de gran crecimiento del alma, el cual es designado como el Armaggedon en el texto bíblico.
El Cuarto Rayo, el cual es Mi privilegio representar, expresa el Puente desde la conciencia humana a la Divina o el Conocimiento Espiritual de la Supremacía de la Presencia de Dios en el hombre. Este es un paso tan tangible como lo sería pasar desde una habitación que estuviera ubicada allende el foso hasta el interior del castillo.
La corriente de vida habita en la conciencia de su propia selección. La corriente de vida es la habitante y la conciencia es la habitación. Pero el trabajo de atraer a un individuo para que salga de la conciencia de pensamiento, sentimiento, deseos sensoriales y hábitos humanos formados a través de los siglos, y penetre dentro del Conocimiento de la Perfección de los Maestros Ascendidos, no es trabajo de un momento, ya que al principio la corriente de vida resiente el cambio (al encontrarse agobiada por el peso de los siglos y asolearse en la inercia). Cuando uno es convidado a «Levantarse e ir al Padre», se requiere de toda la fuerza del alma y de todo el poder del Espíritu para soltar los grilletes que se han formado. ¡Ay, Amados míos!, es sólo cuando la Voz de la Presencia pronuncia el fiat que el Amado Jesús hizo retumbar dentro de la tumba: “Lázaro ven fuera”, que encontramos la fuerza del deseo interno del aspirante.
Desde Alturas Cósmicas, el Cristo Cósmico envía el fiat al espíritu encadenado de cada hombre: ¡Ven fuera y he aquí que YO SOY el Puente que se extiende frente a ustedes! Al otro lado encontrarán La Paz que ningún ser humano puede darles. Encontrarán la Luz que han buscado durante siglos, y encontrarán la Gloriosa Presencia que ustedes son y el Dios en que deben convertirse.
Crucen el Puente sobre las Alas de la Luz y sepan que el Manto de Amor de Serapis los envuelve y los sostiene, elevándolos y sumergiéndolos hondo, hondo, hondo dentro del Propio Corazón de Dios.
