Tomado de “Sendero de Luz”.

Cuando los amados Helios y Vesta fueron coronados con la autoridad para crear un Universo, Ellos, al igual que todo padre amoroso, diseñaron en Sus pensamientos y sentimientos el tamaño de esos planetas, su ubicación, así como el número de corrientes de vida que habitarían en cada uno. Y de la misma manera en que los seres humanos planearían un hogar, así Ellos se lo imaginaron todo y mantuvieron dicha imagen en Sus mentes y sentimientos. Expandieron una gran esfera de influencia desde el centro corazón de Sus Seres. La periferia de esa esfera de influencia constituía los linderos del Universo dentro de los cuales habitarían los planetas, las estrellas y todo lo perteneciente a dicho Universo. Con el fíat de «Sea la luz», Helios y Vesta tejieron de Sus propios seres esa sustancia universal (LUZ), con la cual los Elohim crearon los planetas, y de donde han emanado todas las formas.

La recepción de la fuerza Divina desde el Sol Central y el poder magnético del Amor —mediante el cual los planetas son mantenidos en sus órbitas individuales, y nuestro universo es mantenido en su sitio progresivo en la galaxia que se mueve hacia afuera, a la cual pertenecemos— es esgrimido por el aspecto masculino de la Divinidad. Suyo también es el cetro del poder magnético que es transferido de planeta a planeta, mediante el cual la raza que evoluciona es mantenida dentro de la periferia de cada planeta mientras que se están absorbiendo ciertas lecciones.

La vertida de la sustancia de Luz de la cual están hechas todas las formas —así como también el sustento, la calidez, la luz, la vitalidad y la atmósfera de cada una de las siete esferas— es el servicio del aspecto femenino de la Divinidad. En verdad, el hombre bien puede decir que vive en el seno de la Madre Divina, sostenido por su aliento y vitalizado por Su vida.

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